Aremi Lopez

no-al-acoso

¡No al acoso sexual!

icon-no-al-acoso

Durante muchos años viví distintos tipos de acoso, especialmente acoso sexual. Por mucho tiempo guardé silencio por miedo, vergüenza o simplemente porque pensaba que nadie entendería lo que sentía. Hoy quiero hablar de esto desde mi experiencia personal, no para vivir en el pasado, sino para que otras personas sepan que no están solas. 🤍

Tabla de contenido

El acoso: una realidad que muchas personas viven en silencio

Cuando escuchamos la palabra “acoso”, muchas veces pensamos solamente en algo físico o extremadamente evidente. Pero la realidad es que existen muchos tipos de acoso: psicológico, verbal, laboral, escolar, digital, emocional y sexual.

  • Algunos comienzan con “bromas”.
  • Otros con comentarios incómodos disfrazados de halagos.
  • Y algunos terminan convirtiéndose en miedo e inseguridad constante.
  • A veces comienza con una mirada que te hace sentir insegura, y uno de los más comunes y dolorosos es el acoso sexual.

Y sí… quiero hablar de eso.

Porque durante gran parte de mi vida fue algo que viví muy de cerca.

Aprendí a esconderme para sentirme segura

Desde muy joven empecé a notar que mi cuerpo llamaba demasiado la atención. Conforme fui creciendo, comenzaron las miradas incómodas, los comentarios, los “piropos” y las situaciones que poco a poco dejaron de parecer normales.

Al principio intentaba ignorarlo.

Pero con el tiempo aprendí algo muy triste: aprendí a esconderme.

Caminaba por la calle evitando miradas. Bajaba la cabeza. Trataba de cubrirme más. Evitaba ciertos lugares. Todo el tiempo cambiaba rutas. Me ponía alerta constantemente.

Y eso cansa y te da muchas inseguridad.

Porque una mujer no debería vivir sintiendo miedo simplemente por existir.

Cuando el acoso viene de personas con poder

Hubo momentos muy difíciles durante la preparatoria y la universidad.

Tuve experiencias incómodas y desagradables con profesores y directivos. Personas que tenían autoridad sobre mí y que aprovecharon esa posición para cruzar límites que jamás debieron hacer sin mi consentimiento.

Uno de ellos fue un profesor de química que llegó a obsesionarse conmigo de una manera muy incómoda. Nunca tuvimos nada más allá de la relación normal entre alumna y profesor, aunque años después descubrí que muchas personas inventaban historias falsas sobre nosotros.

Lo más difícil era que yo intentaba evitarlo a toda costa, y eso parecía atraerlo más.

Todos los días pasaba estaba fuera de mi casa para ofrecer llevarme a la escuela en su auto, y también me esperaba a la salida para llevarme de regreso. Nunca acepté subir a su auto. Nunca acepté salir a comer ni a cenar con él.

Incluso llegué al punto de fingir tener novio para que dejara de insistir, y este profesor reprobó a este joven por celos, pero sin ningún tema lo pasó, pues era muy inteligente, yo era la que sufría. Este chico me ayudo, me enseño todo lo que tenía que estudiar y así logre pasar de panzazo.

Lo más triste es que el acoso muchas veces no se vive solo desde el miedo… también desde el abuso de poder.

Recuerdo perfectamente cómo dificultaron la entrega de mis documentos escolares cuando decidí cambiarme de institución. Mientras otros alumnos hacían trámites normales de un lado a otro, conmigo todo parecía volverse más fácil y complicado a la vez.

¿Por que fácil y complicado a la vez? Por que mientras mis amigos hacían sus tramites y corrían, este profesor lo hizo personalmente y tuvo el atrevimiento de ir a casa de mi hermana a entregarme los documentos, todo lo hizo con tal de que yo aceptara salir con el, o por lo menos le aceptara una comida.

Y aunque nunca ocurrió nada entre él y yo, emocionalmente era agotador sentir que no podía escapar de esa situación.

Mientras que en el trabajo…

También hubo acoso sexual por parte de un jefe de área de la SSyPC en el estado de Chiapas. Mientras laboraba ahí, hubo un acercamiento forzado, me tomo a la fuerza. Por suerte estábamos en la calle saliendo de un convivio navideño de todo el área y por eso no paso a mas. Tampoco pude hacer mucho, era mi jefe y tenía guardaespaldas armados.

Solo se lo conté a un compañero y amigo de dicha independencia, y él fue y le reclamo este acto de mi ex jefe hacia mi, lo cual me hizo sentir bien pero también temía por el, que le fuera afectar; el era un simple elemento de la policía que me defendió y contra un jefe, pues se imaginaran quien ganaría.

Tengo que decir algo, me arrepiento de no haber buscado en su momento ayuda o denunciar ante la Fiscalía este acoso. Pues esa vez no le dije nada a mi familia y amigos por que temía que fueran a hacer algo al respecto, y bueno, este jefe contaba con guardaespaldas armados. El tema era mas por miedo que por pena.

Yo era una simple empleada y el era un jefe importante, no puedo hablar mas al respecto por que él sigue siendo jefe y lo ascendieron, y pues yo soy una simple mortal sin inmunidad preventiva, policial o privada.

Yo sabía que el me iba cambiar de área por no haber aceptado acostado con este señor, y así fue. En el lapso de una mes aprox. me cambio a la SUBSESPyMS (Subsecretaría de Ejecución de Sanciones Penales y Medidas de Seguridad del estado de Chiapas) y por mucho tiempo estuve en esa área bastante tranquila. Este señor pensó que me echaría a los lobos, que sufriría, pero fue lo contrario, me encontré con personas que conocía, jefes que conocía y me apoyaron en todo. Agradecí mucho haber estado en ese lugar hasta que decidí renunciar por motivos de salud.

El miedo cambia tu forma de vivir

Hubo otro caso todavía más delicado con un profesor jubilado.

Esa vez decidí hablar.

Le conté a quien consideraba mi mejor amiga porque necesitaba apoyo y confianza. Este profesor era pareja de la mamá de mi amiga, por este motivo, le pedí discreción, pero terminó contándoselo a su mamá y todo se salió de control.

Esa ocasión el acoso subió de nivel, por que no solo eran miradas incomodas, sino, hubo forcejeo y un miedo que no había experimentado, el tenía mas fuerza que yo y no tenía forma de escapar.

Cuando le conté a mi amiga, pasé de buscar ayuda, pasé de ser la víctima… a sentirme juzgada.

Me hicieron sentir ignorada. Obviamente no me creyeron. Me trataron como si estuviera inventando las cosas, me dejaron de hablar, y perdí una amistad muy querida. Yo consideraba a esa amiga como una hermana.

Eso me dolió muchísimo, yo quería mucho a su mamá y a mi amiga.

Este tema es muy complicado de hablar, porque cuando alguien se atreve a hablar sobre acoso y no le creen, el miedo a hablar, el miedo a ser entendido o entendida se vuelve todavía más profundo.

El acoso fuera de la escuela

Con el tiempo entendí que el acoso no se quedaba solo dentro de un salón de clases, ni en el trabajo.

  • En los autos que se detenían para hablarme.
  • En hombres que insistían aunque yo dijera que no estaba interesada.
  • En comentarios incómodos que parecían “normales” para muchas personas.
  • El acoso ya era normalizado

Y más adelante, durante la universidad, todo escaló.

Comencé a recibir llamadas constantes a mi celular. Eran demasiadas. A veces más de veinte llamadas al día, preguntándome cuánto cobraba por pasar la noche con alguien.

Yo tenía mucho miedo y ya no respondía las llamadas.

Pero lo que realmente me destruyó fue cuando involucraron a mi sobrina, que en ese momento todavía era una niña.

Un hombre se acercó directamente a ella para preguntarle si yo era su mamá y dónde vivíamos, creo que me conocía por que mencionó mi nombre: este joven según mi sobrinita, le preguntó si Aremi era su mama y donde vivíamos.

Eso cambió todo.

Porque ya no solo era yo.

Ya estaban acercándose a una menor de edad, mi sobrina que estaba en primaria.

Por fortuna, mi sobrina fue muy inteligente y no dio información. Pero después de eso comencé a vivir con ansiedad constante.

-Dejé de salir varios días.
-Caminaba sintiendo que alguien me seguía.
-Hiperventilaba del miedo.
-Vivía siempre en alerta.

Incluso llegué a pensar en cambiarme de nombre e irme lejos, cambié por unos años mi nombre y rostro en la red social, me costo bastante volver a poner mi nombre, a vivir sin miedo. Actualmente todavía voy a terapia psicológica, eso me ha ayudado mucho a sentirme segura y salir sola a la calle.

El silencio también lastima

Hoy entiendo que nunca debí quedarme callada.

Si pudiera regresar al pasado, denunciaría muchas situaciones que viví. Especialmente aquellas donde personas con poder aprovecharon su posición para intimidarme y acosarme.

Pero también entiendo algo importante:

  • Nada de lo que pasó fue mi culpa.
  • No fue por usar falda.
  • Ni por arreglarme demasiado.
  • No fue por ser amable y empática.
  • Tampoco fue por existir.

Me costo muchos años aprender y entenderlo. El respeto no debería depender jamás de cómo se viste una mujer, mas bien, los padres deberían enseñar a sus hijos el respeto hacía una mujer, a no mirarla de manera incomoda. Si le gusta una chica, decírselo pero no intimidarla o acosarla. El respeto y otros valores comienzan en casa.

El tiempo como sanación

Muchos años después descubrí rumores falsos sobre mí y aquel profesor de química. Decían que habíamos tenido una relación íntima. Y honestamente… me dió mucha risa. Personas que no tienen nada que hacer tienen tiempo para crear chismes sin sentido.

Yo me sentía bien, por que sabía perfectamente la verdad, obvio que no. Nunca estaría con este profesor, no me gustaba y tampoco lo haría jamas por pasar la materia.

Mi novio de aquel entonces, el mismo al que reprobaron injustamente por celos, siguió conmigo. Nunca nos separamos.

Y eso me enseñó algo muy importante:

Las personas que buscan destruirte hablando mal de ti, generalmente reflejan sus propias inseguridades, envidias, vacíos o frustraciones.

Una persona feliz no necesita humillar ni acosar a nadie, no tiene tiempo de hacer o decir cosas in-productivas.

Hoy, después de mas de 18 años, ese novio es ahora mi esposo y vivimos felices. ¿Por que me quede con él?, Fue la única personas que no me miraba con morbosidad, ni siquiera sabia que yo existía, a el le gustaba otra chica, y como no nos conocíamos decidí que le pediría yo a él que fuera mi novio de mentira por un tiempo.

Tiempo después, el me pidió que fuera su novia de verdad, pero mientras eso ocurría jamas me miro de una forma inadecuada, tampoco tenía que pedirle que me comprara cosas, el llegaba con rosas, chocolates, peluches, cartas. Al final, mi respuesta fue si. Por eso lo escogí a él, preferí una mirada de amor y atención cálida y de valor. Con él me sentí segura, y hoy vivimos juntos.

El acoso es real: y muchas veces deja heridas invisibles

No importa si es escolar, laboral, psicológico, digital o sexual. Ninguna persona debería vivir sintiendo miedo, ansiedad o vergüenza por culpa de alguien más.

Si hoy estás pasando por una situación parecida, quiero decirte algo desde el corazón:

No estás solo.
No estás exagerando.
Y no tienes la culpa de lo que otros decidan hacer.

Hablar es importante. Pedir ayuda también. Y aunque sanar toma tiempo, sí es posible volver a sentir tranquilidad.

  • No permitas que el miedo te robe tu voz.
  • Tu vida vale.
  • Tu seguridad importa.
  • Y mereces caminar por el mundo sin sentirte perseguido, vigilado o menospreciado.

A veces sobrevivir ya es un acto enorme de valentía.

Y si nadie te lo ha dicho hoy: estoy orgullosa de ti por seguir adelante. 🤍

Reflexión final

El acoso no siempre empieza con un ataque.
A veces comienza con una mirada incómoda, un comentario disfrazado de “piropo”, una llamada insistente o alguien cruzando límites que jamás le permitiste cruzar.

Y poco a poco, sin darte cuenta, empiezas a caminar con miedo.
A esconderte.
A vigilar quién viene detrás de ti.
A pensar demasiado antes de salir sola.

Lo más triste es que muchas personas minimizan lo que vivimos, hasta que un día entienden que vivir con miedo no es normal. Ya se normaliza, y no debería ser así.

Hoy sé y entendí algo importante:

  • Nunca fue culpa mía.
  • No fue por usar falda corta.
  • Ni por arreglarme mucho.
  • No comenzó por sonreír amablemente.
  • Ni siquiera por fue por existir.

El respeto jamás debería depender de cómo luce una mujer.

Si hoy alguien está viviendo algún tipo de acoso, quiero decirle algo desde el corazón: no estás solo. Lo que sientes es válido. Tu miedo es válido. Tu dolor también.

  • Hablarlo no te hace débil.
  • Denunciar no te hace exagerado.
  • Poner límites no te hace mala persona.
  • A veces sobrevivir también es un acto de valentía.

Y aunque el miedo deja huellas, también llega un momento donde recuperas tu voz, tu tranquilidad y tu fuerza. Porque quienes intentan destruirte hablando de ti, acosándote o haciéndote sentir menos, en realidad reflejan sus propias heridas, vacíos y culpa.

  • No permitas que nadie te haga sentir culpable por existir.
  • Tu vida vale.
  • Tu voz importa.
  • Y mereces caminar en paz. 🤍

˗ˏˋ ★ ˎˊ˗

Gracias por estar aquí. Quédate el tiempo que necesites, y reflexiona si lo necesitas. Este espacio también es tuyo.

Este artículo esta redactado con mucho cariño para ti, un abrazo en la distancia. 🩷

Aremi Lopez