Que le diría mi yo de ahora, a mi yo de hace un año
20/06/2026

Una reflexión sobre el duelo, la aceptación y el legado de quienes amamos.
Antes de comenzar, quiero compartir algo que he aprendido durante este proceso:
Cuando una persona que amamos parte de este mundo, nuestro corazón intenta aferrarse a ella con todas sus fuerzas. Es natural. Nadie quiere despedirse de quien fue amor, refugio y compañía.
Sin embargo, aferrarnos únicamente a la ausencia puede alejarnos de la vida que continúa a nuestro alrededor.
El dolor necesita ser escuchado, pero también transformado para que no se convierta en una prisión.
Tabla de contenido
1. Aprender a soltar sin dejar de amar
He comprendido que aceptar no significa olvidar. Soltar no significa dejar de amar. Aceptar es entender que el amor puede cambiar de forma sin desaparecer.
Quizá la manera más hermosa de honrar a quienes ya no están sea continuar aquello que sembraron en nosotros; convertir su recuerdo en bondad, su ejemplo en acciones y su legado en esperanza para otros.
Porque la vida es fugaz. Porque nadie tiene garantizado el mañana. Y porque, al final, lo que verdaderamente permanece es el amor y el ejemplo que dejamos en los demás. El duelo es el precio que pagamos por haber amado profundamente.
2. Un año después
Cuando el amor aprende a quedarse de otra forma
Querida Aremi:
Ha pasado un año. Un año desde aquella última vez que tu mami te obsequió una mirada llena de amor. Un año desde que tu mundo cambió para siempre.
Si pudiera sentarme a tu lado y abrazarte en aquel momento, te diría que no tengas miedo. Sé que ahora mismo sientes que el invierno se instaló en tu corazón. Sé que te escondes dentro de un caparazón porque la realidad duele demasiado como para aceptarlo.
Y también sé que, aunque hoy no lo creas, vas a sobrevivir, te anticipo que no será fácil.
Habrá días en los que sentirás que el dolor vuelve a comenzar desde cero. Habrá fechas que partirán tu alma en dos y momentos en los que desearás escuchar una vez más su voz llamándote por tu nombre.
Pero también habrá algo más. Descubrirás una fuerza que todavía no conoces.
La Aremi de hace un año era frágil, sí. Pero también era valiente. Más valiente de lo que imaginaba.
Tuvo que enfrentarse a despedidas para las que nadie la preparó. Aprendió a levantarse cuando sentía que no podía más. Aprendió a caminar con un vacío que parecía imposible de cargar. Su carácter y emociones eran como un témpano de hielo.
¡Pero que crees! Aquí estás, aquí sigues. Todavía de pie. Todavía amando.
Todavía intentando encontrar sentido en medio de la tristeza.
Quiero decirte algo que tardé mucho tiempo en comprender:
Tu historia no terminó cuando ella partió.
- Cambió.
Y ahora te corresponde escribir los capítulos que siguen.
Ya no junto a ella físicamente. Pero sí en su nombre, esa es una forma de honrar el nombre de tu mamita y su legado.
Aremi ¡No te desanimes! Hay personas que creen en ti.
Hay personas que te acompañan incluso cuando no las ves. Personas que sostienen una pequeña parte de tu carga cuando tus fuerzas se agotan.
No estás tan sola como a veces piensas.
Y aunque el camino parezca incierto, todavía tienes mucho por hacer.
Mucho por construir y mucho amor por compartir.
3. Mamita, sigo aprendiendo a vivir sin ti
¡Te extraño mucho! Más de lo que las palabras pueden explicar.
Hay días en los que todavía quisiera correr hacia ti para contarte algo que me pasó, pedirte un consejo o simplemente escuchar tu voz.
Y luego recuerdo que ya no estás aquí físicamente. Y vuelve a doler.
Eras una mujer profundamente devota de la Virgen de Guadalupe. Pensar en ello me da tranquilidad.
Me gusta creer que estás rodeada de la misma paz y amor que siempre procuraste compartir con los demás.
Espiritualmente te encuentro en muchos lugares.
Mientras que en los recuerdos, te encuentro en las flores que aparecen inesperadamente en mi camino.
En la transformación silenciosa de una mariposa. En los pequeños actos de bondad que encuentro en otras personas, y que tu me enseñaste a ser recíproco.
Porque el amor verdadero nunca desaparece del todo.
Simplemente aprende a habitar otros espacios.
He comprendido que es normal sentir tristeza. Es normal extrañarte. Es normal llorarte, y quizá eso nunca deje de ocurrir.
Pero ahora quiero abrazarte desde otro lugar. No desde la desesperación de perderte.
Sino desde la gratitud de haberte tenido. Gracias por haber sido mas que una madre, fuiste una amiga, doctora, psicologa. Cada recuerdo tuyo serán mis mas grandes tesoros, cada abrazo que me diste será un recuerdo inolvidable, por que se que lo hiciste con todo el amor que una madre puede darle a sus hijos.
4. El legado que me dejaste
El difícil arte de aceptar una ausencia
Si pudiera cambiar mi vida por la tuya, lo haría sin pensarlo.
Pero la vida no me dio esa opción, y aunque me costó mucho aceptarlo, entendí que ahora me toca continuar una parte de tu trabajo aquí.
Tú siempre ayudaste a los demás. Siempre encontraste una forma de acompañar a quien sufría.
Siempre fuiste fuerte, muy valiente, generosa y amorosa. Incluso cuando la vida no fue fácil contigo.
Y ahora siento que me toca a mí tomar esa antorcha. No para reemplazarte. Eso sería imposible. Sino para honrarte.
Durante mucho tiempo pensé en crear algo que ayudara a otras personas. Una fundación. No lo he comenzado por que tengo miedo, miedo a intentarlo, por que tu no estas para aconsejarme y motivarme, pero creo que si lo consigo, sería algo muy hermoso.
Pienso en un espacio de apoyo y ayuda, de brindar información para pacientes y familiares, algo como la Tanatología, que es una disciplina científica que estudia el proceso de la muerte y el duelo. Su objetivo principal es brindar acompañamiento terapéutico para ayudar a resignificar cualquier tipo de pérdida significativa, reducir el sufrimiento psicológico y mejorar la calidad de vida de los pacientes terminales y sus familias.
Hacer conciencia sobre enfermedades que muchas veces se descubren demasiado tarde. Especialmente sobre el cáncer de pulmón, la enfermedad que finalmente te llevó a partir.
Y aunque todavía siento miedo, también siento una enorme responsabilidad, porque hacer este tipo de proyectos no es un juego, son experiencias reales que yo misma viví.
Nadie te prepara a cómo atravesar todo aquello. Conozco el dolor de los pacientes y de la familia, y es muy difícil atravesar por esos momentos.
También conozco el dolor silencioso de quienes cuidan, acompañan y aman. Quizá por eso siento que esta misión llegó a mí. No es nada fácil. Mas bien porque sé lo necesaria que es para muchas personas.
5. Aceptar no es abandonar
Durante mucho tiempo pensé que dejarte ir, era una forma de olvidarte. Ahora entiendo que no.
Aceptar tu partida no significa olvidarte, significa permitir que tu amor siga creciendo dentro de mí por medio de tu legado y tus recuerdos.
No solo es mirar el día en que te fuiste, es empezar a mirar también todos los años en los que estuviste aquí para mi y para toda la familia.
“Significa agradecer, recordar, continuar y vivir”
Porque cumpliste tu misión en esta tierra. Y aunque me duele decirlo, sé que es verdad, ya no estas aquí y tengo que soltarte, dejarte ir con amor.
Ahora me corresponde a mí seguir caminando. Con miedo todo el tiempo, otras más con lágrimas. Pero también con esperanza de que puedo hacerlo, puedo salir adelante por que eso hubieses querido, y si se trata de ayudar a los demás, será un honor dar el siguiente paso.
6. Donde termina el dolor, comienza el legado
Mamita: Nunca dejaré de extrañarte.
Siempre habrá una parte de mí que deseará volver a abrazarte una vez más.
Pero si algo me enseñaste es que el amor verdadero no se mide por cuánto tiempo permanecemos juntos, sino por todo lo que dejamos en el corazón de quienes ayudamos y amamos.
Por eso quiero seguir adelante. Por ti. Por mí.
Por quienes necesitan ayuda. Por quienes hoy atraviesan el mismo dolor que yo atravesé.
Tal vez esa sea la forma más hermosa de mantenerte cerca.
Convertir el amor que me diste en algo que pueda aliviar el sufrimiento de alguien más.
Y cuando llegue el momento de volver a encontrarnos, espero poder decirte: “Mamá, lo intenté y lo hice por ti.
Tu amor no se quedó detenido en el pasado. Lo convertí en luz para otros.”
“El duelo no termina cuando aprendemos a olvidar; termina cuando aprendemos a recordar con amor.”
Te dejo un reflexión final que me ha parecido preciosa: Quizá el amor más difícil no es aprender a despedirse de quien partió, sino aprender a seguir viviendo de una manera que haga honor a todo lo que esa persona sembró en nosotros. ❤️
˗ˏˋ ★ ˎˊ˗
Gracias por estar aquí. 🩷 Este espacio también es tuyo, y esta redactado con mucho cariño, un abrazo en la distancia.
