Religión o espiritualidad
16/05/2026

A veces, crecer también significa cuestionar aquello que nos enseñaron como verdad absoluta.
Este no es un texto contra la fe ni contra quienes viven su religión desde el amor.
Es una reflexión íntima sobre cómo algunas experiencias cambian nuestra forma de creer, y cómo muchas personas descubren que la espiritualidad también puede existir fuera de las reglas, el miedo o la culpa. Porque creer no siempre significa obedecer… a veces significa encontrar paz desde un lugar más auténtico y humano.
Tabla de contenido
Elegí ser espiritual: creer, pero a mi manera ✨
Desde niña tuve una buena enseñanza hacia Dios. Mis padres me inculcaron valores bonitos: el respeto, el hacer el bien, el no dañar a otros. Crecí dentro de la religión católica y, como toda “niña bien portada”, hice mis tres sacramentos: bautizo, primera comunión y confirmación.
Me gustaba ir a la iglesia. Incluso fui catequista, que básicamente es enseñar a niños sobre los sacramentos, como una maestra, pero dentro de la iglesia. En ese entonces, yo realmente creía que ese era mi camino.
Pero conforme creces, te das cuenta de algo importante: lo bueno y lo malo no solo existe en la sociedad… también dentro de las instituciones, incluida la religión. No puedo hablar de otras religiones porque no las he vivido. Esto lo cuento desde mi experiencia, desde lo que a mí me tocó.
Hay lugares que no solo atienden el cuerpo, también devuelven la esperanza.
Este artículo nace desde un agradecimiento profundo y personal hacia un hospital y a su personal, que me acompañaron con humanidad, vocación y respeto en un momento muy vulnerable de mi vida. Es un reconocimiento sincero a quienes, desde la salud pública, hacen su trabajo con el corazón.
Cuando algo cambia dentro de ti 🌿
Tenía alrededor de 14 años. Y como cualquier adolescente, tenía conflictos con mis papás. Me sentía incomprendida, quería más libertad, cosas normales a esa edad.
En la iglesia nos enseñan que cuando tengas problemas, puedes acudir con un sacerdote para orientación. Yo lo hice. Busqué apoyo.
El párroco hablaba conmigo de vez en cuando, le daba seguimiento a lo que yo le contaba. Todo parecía normal… hasta que un momento lo cambió todo.
Un día, cuando platicaba con el sacerdote, y al despedirnos, me abrazó. Yo respondí el abrazo desde el agradecimiento y la confianza de ser escuchada… pero algo no se sintió bien.
No fue un abrazo fraternal. No fue un gesto de guía o cuidado. Fue un abrazo que se sintió incómodo e inapropiado… un comportamiento personal intrusivo.
Sus manos bajaron de una forma que no correspondía y sentí de inmediato miedo, trague saliva, mis ojos se abrieron enormemente y mi corazón empezó a latir a todo lo que daba.
Fueron segundos… pero suficientes para dejar una sensación de vergüenza, incomodidad, inseguridad y miedo. Ese fue el último día, la última vez que hablé con esta persona. Esto desencadenó que yo me alejara de la iglesia y mucho menos, acercarme a una persona que en vez de generarte confianza, te aleja.
La fe no se rompe… se transforma 🌑
Desde entonces, mi relación con la iglesia cambió por completo.
Tal vez la misa como tal no tenía la culpa, pero cuando vives una experiencia así, tu percepción cambia. Ya no ves las cosas igual, ni te sientes segura en ese lugar que tus padres un día te inculcaron como bueno.
Y aquí quiero decir algo importante, desde el respeto y con mucha firmeza:
Un párroco, un sacerdote, cualquier guía espiritual, tiene la responsabilidad de marcar límites claros. Debe ser profesional, ético y cuidar el espacio emocional y físico de las personas que buscan apoyo.
Porque cuando esa pequeña línea se rompe, no solo se rompe la confianza en una persona… se tambalea toda una creencia. No hay vuelta atrás.
La religión y las reglas
Con el tiempo, también empecé a cuestionar otras cosas.
Por ejemplo, esa idea de que:
- ¡Si no vas a misa, no tienes fe!
- ¡Si no comulgas, no estás en paz o no tienes comunicación con Dios!
- ¡Si no sigues ciertas reglas, no estás “bien” con Dios!
A mí, eso me empezó a dar vueltas en la cabeza. Lo sentía como imposición. Como una lista de cosas que “tienes que hacer” para no te juzguen los miembros de la iglesia, y que si no lo haces espiritualmente no estas bien con Dios.
Y yo soy una persona que no conecta con reglas ni imposiciones. Nunca lo he sido, ni lo haré. Entonces algo dentro de mí empezó a moverse.
Mi forma de creer
Hoy veo la fe de una manera muy distinta. ✨
Para mí, creer en un ser superior o un Dios no es cumplir reglas.
Creer, para mi es hacer cosas buenas, es vivir con intención.
Es:
- hacer el bien
- ayudar cuando se puede
- no hablar mal de otros
- no juzgar sin conocer o no tener evidencias
- no creer en todo sin cuestionar
Soy una persona filantrópica dentro de mis posibilidades. A veces es dar comida a alguien en situación de calle, a veces es escuchar, a veces es simplemente no hacer daño, otras veces es donar a una causa benefica, si esta en tus posibilidades darle refugio a una persona en un día lluvioso y darle de cenar.
Y todo eso… en lo personal me da paz.
Voy a misa cuando lo siento, cuando mi corazón lo pide, no por que cada 8 días tienes que ir.
Voy por que me nace. No porque “toque” ir.
Para mí, la misa es una cosa… y Dios es otra.
Espiritualidad: ponerle nombre a lo que siento
Con todo esto, mi fe no desapareció. 🌙
Se transformó. Pasó de llamarse “religión” a algo que hoy entiendo como: Espiritualidad
¿Y qué significa eso? La espiritualidad es algo interno. Es tu conexión contigo misma, con Dios, con el universo, con la energía… como tú lo sientas. No necesita una estructura rígida, ni esta dirigido por nadie.
Esta forma ecléctica significa que tomas lo que resuena contigo de distintos caminos.
Puedes seguir creyendo en Dios, en Jesús, en los santos como intercesores (porque sí, para mí ellos interceden, pero quien decide es Dios)… y al mismo tiempo meditar, usar afirmaciones, creer en la energía o explorar otras formas de conexión.
No perdí la fe: La integré
Algo que quiero dejar muy claro es esto 💫:
Yo no perdí la fe, y no es contradicción. Es integración.
La redefiní. La hice mía.
Porque al final, el catolicismo puede darte:
- rituales
- comunidad
- estructura
Pero la espiritualidad te da:
- libertad
- conexión real
- búsqueda interna
- paz espiritual
Y yo estoy en ese punto donde puedo decir:
“Quiero creer… pero a mi manera.”
Mi fe hoy
Hoy creo en Dios. ✨
Creo en la energía. Creo en la vida, en el universo…
Pero sobre todo, creo en lo que me hace sentir en paz.
Porque al final entendí algo muy simple, pero muy profundo:
Mi fe dejó de tener reglas… y empezó a tener sentido.
Y eso, para mí, lo es todo.
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Gracias por estar aquí. 🩷 Si me conoces o no, dime hola, puedes déjarme un corazoncito o puedes pasarte por mis redes sociales, también puedes escribirme. Este espacio también es tuyo, y esta redactado con mucho cariño, un abrazo en la distancia.
